sábado, 8 de enero de 2011

Música, más que mi vida.

Llegas del instituto. Estás cansada, necesitas liberarte. Entonces enchufas tu Ipod  a los altavoces y pones esa canción.
Empieza lento y tu te tumbas en la cama, de pronto te dejas llevar por el ritmo, y tatareas, hasta que tus labios terminan por pronunciar esas palabras, frases que te hacen sentir tan viva.
Tu cuerdas vocales entonan, si, estás cantando. Te dejas llevar, estás volando, lo estas sintiendo. Después tus pies se mueven al ritmillo de la música y si, ahora estás bailando. Y después del último estrebillo donde te desmadras completamente, viene el final. De pronto paras, ya no bailas ni cantas. Respiras y sonríes.

Eres libre por fin.


Gracias, música, Por no abandonarme cuando más necesitaba un apoyo. Por decirme esas palabras que buscaba en cada canción. Por hacerme sonreír cantando. Gracias por existir música, sin ti no sería nada.